Análisis y abstracción de la información.
La transición nutricional en países en desarrollo es consecuencia de cambios significativos en la dieta, incrementando el consumo de lípidos. Estudios realizados anteriormente aseguran que existe una asociación inversa entre la densidad energética de los alimentos y el costo energético, es decir, alimentos de alta densidad energética y muy bajo aporte nutricional representan opciones de muy bajo costo para los consumidores, además, se sabe que la asociación de riesgo de la inseguridad alimentaria es principalmente con obesidad y se ha sugerido la posible relación con enfermedades crónico-degenerativas. Se ha analizado el déficit en la ingesta de proteínas y algunos micronutrimentos como son el calcio, la vitamina D, vitamina E y zinc.
En México el consumo de proteínas, se ha observado que menos del 60% de las personas adultas mayores, no cubre con los requerimientos nutricionales promedio, además, la mayor cantidad de proteínas de la dieta son derivadas del consumo de leche, algo muy similar a lo presentado por un estudio de Perú donde se observó que 58.5% de adultos mayores presentaron una sub-alimentación de proteínas.
Como se mencionó anteriormente, el consumo de calcio fue deficiente, 8 de cada 10 adultos mayores no consumieron el requerimiento nutricional promedio, además 89.6% de los adultos mayores no consumieron vitamina D de manera adecuada.
En México, a partir del 2006 se analizó la ingesta de macro y micronutrimentos en adultos mexicanos, donde se observó que 24.8% de los adultos en México tuvieron una ingesta inadecuada de grasas y 21% de calcio, desafortunadamente es difícil corroborar los resultados o contrastarlos con estudios en zonas rurales ya que no existen o son insuficientes.

Relación entre inseguridad alimentaria y calidad de la dieta.
En los últimos 50 años, las dietas humanas en todo el mundo se han hecho cada vez más similares --por un promedio mundial del 36%-- y la tendencia no muestra signos de desaceleración. Esto tendrá “importantes consecuencias” en la nutrición humana y la seguridad alimentaria global, asegura un estudio difundido en el sitio del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (Cgiar). Por un lado, explican, esta práctica de estandarización tiene repercusiones negativas en la diversidad de la nutrición y por otra, aumenta el riesgo de crisis alimentarias porque la uniformidad en la dieta se está logrando con el sacrificio de alimentos locales.  El aumento de los ingresos en los países en desarrollo, por ejemplo, ha permitido a más consumidores incluir grandes cantidades de productos de origen animal, aceites y azúcares en su dieta. Además, la urbanización en estos países ha fomentado un mayor consumo de alimentos procesados y rápidos. Esto está cambiando la forma de alimentarse y limitando las fuentes de nutrientes de las personas. "Cada vez más gente está consumiendo más calorías, proteínas y grasas, y basan cada vez más su alimentación en una corta lista de cultivos, como el trigo, el maíz, las papas y la soya, junto con la carne y los productos lácteos", (Colin Khoury, 2015). Además, los científicos consideran que la creciente dependencia de unos pocos alimentos puede acelerar el aumento mundial de la obesidad, las enfermedades del corazón y la diabetes.

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